viernes, 10 de mayo de 2013

La lucha está asegurada


Ayer fue un día muy cansado pero, a la vez, esperanzador y reconfortante. Durante toda la mañana y prácticamente toda la tarde, estuve realizando un trabajo para la facultad. Para cuando llegaron las 7 de la tarde, mis compañeros y yo casi habíamos terminado y yo tenía una cita en otro sitio.

En concreto, en la Plaza Nueva de Sevilla, desde donde salía la manifestación convocada por la defensa de la Educación Pública y en la que participaban todos los niveles de la enseñanza, desde Primaria hasta la Universidad. Ya he ido a muchas manifestaciones de diversa índole, pero quizá las de la Marea Verde tienen algo especial por lo que representan, esto es, es una digna defensa de la Educación Pública de todos y para todos, tanto por parte de profesores, como de padres y alumnos. Es especial y diferente porque en esas protestas se reivindica nada más y nada menos que la base y uno de los pilares de un Estado social y democrático. Sin una educación de calidad para todos, los ciudadanos no tenemos posibilidades de desarrollar un espíritu crítico y autocrítico con el que vigilar a nuestras instituciones, reflexionar, desarrollar una sociedad lo más justa posible.

Parece que es precisamente esto lo que nuestros dirigentes, de cualquier color, pretenden evitar. No se explica que en cada nueva legislatura se quiera cambiar de plano todo lo que hizo el anterior Ejecutivo por una simple cuestión ideológica*. Ese es uno de los problemas de este país y es que todo se lleva al plano de la ideología en lugar de buscar soluciones realmente eficaces que nos beneficien al mayor número posible de personas y que tenga en cuenta también a las minorías. Quizá es utópico. O quizás no.

La nueva Ley Wert no es más que otro intento de utilizar algo de tanta trascendencia como es la Educación para el beneficio propio y ajeno, pues al parecer y sin que tampoco extrañe a nadie, la Iglesia Católica tiene más que decir en este ámbito que los propios profesores y demás agentes de la educación. Cuando éstos se han echado a las calles junto con los padres y los alumnos para reclamar que les escuchen, que se les tenga en cuenta, nuestros políticos no han dudado en insinuar que sus “prácticas” poco distan de las de Batasuna o que pertenecen a la izquierda más radical. Después de declaraciones como éstas y de intentos de matizaciones vanas, tanto Alfonso Alonso como José Ignacio Wert siguen ahí, cobrando sus sueldos gracias a esos radicales antisistema.

A pesar de tanto despropósito, de tanta desafección de los ciudadanos españoles hacia la política –lo cual me parece del todo incomprensible-, hay quienes no se achantan y continúan echándose a la calles a luchar por lo que creen que es justo. Por lo que creemos que es justo.

La razón de ser de este escrito son estas personas y, sobre todo, esa gran cantidad de niños de Secundaria y, en menor medida, de Primaria que secundaron la huelga y la manifestación. Pocas cosas me parecen tan esperanzadoras como ver a niños de quince años gritando consignas en las que reclaman uno de sus derechos más básicos. Es reconfortante porque la siguiente generación que va a entrar en la Universidad llega con ganas y con fuerzas para la lucha, una lucha cada vez más desigual pero que poco a poco da sus frutos.

Son cosas como éstas las que me hacen recuperar la esperanza y el ánimo de luchar, porque ayer fui a la manifestación casi por obligación cívica pero sin mucho ánimo, después de tantos intentos de criminalizar las protestas ciudadanas por parte de los dirigentes. Sin embargo, y a pesar de que al principio de la marcha hubo altercados, mirar los ojos encendidos de los chavales de institutos y las caras pintadas de niños de siete años me hizo recobrar las ganas y dar un golpe sobre la mesa porque nuestra educación no se vende, se defiende. Con uñas, dientes y lo que haga falta. 



* Dato: llevamos 7 reformas educativas en 35 años. Todo muy estable.

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